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Sobre o ano que passou e o que vem por aí

2016 não passou desapercebido pra ninguém. Foi um ano intenso: política, social e profissionalmente. No Brasil, teve golpe, no Reino (des)Unido, Brexit, nos Estados Unidos, Trump. No trabalho, Austrália, Equador, Inglaterra, India, time crescendo, muitos aprendizados e os famosos cinco anos em um que bem me avisaram antes de eu entrar na ThoughtWorks. No vendaval de emoções, deixei de escrever por aqui. 

 

Agora, passada a época de promessas de ano novo, posso dizer que continuo querendo postar mais. Pra isso, sei que precisarei ser menos perfeccionista, o que também é um bom desafio de ano novo.

 

Enquanto o meteoro não chega, seguimos na luta e trocando ideias sobre o novo mundo que vamos parir (que merece mais atenção do que esse mundo infame em que vivemos).

“Vivemos num mundo infame, eu diria.
Não é muito confortante, mas é isso.
Um mundo mal nascido.
Mas existe outro mundo na barriga deste.
Esperando.
Que é um mundo diferente.
Diferente e de parto complicado.
Não é fácil, o nascimento.
Mas com certeza pulsa no mundo que estamos.
Um mundo que pode ser pulsando no mundo que é.
Me perguntam: o que vai acontecer? E depois?
Eu respondo: nada.
Nada.
Não sei o que vai acontecer.
E tampouco me importa o que vai acontecer.
Me importa o que está acontecendo.
Me importa o tempo que é.
Há um outro mundo que nos espera.
Esse mundo de merda está grávido de um outro mundo.”

Eduardo Galeano, 24/5/2011, Praça de Catalunya – Espanha

 

Respeite as mina tudo 

Ontem estava em uma loja, vi essa blusa e quis muito! 

Peguei por engano três tamanhos diferentes e fui ao provador. Chegando lá, deixei dois tamanhos do lado de fora e levei um para dentro da cabine para experimentar. Escolhi a primeira cabine, bem perto da entrada e enquanto experimentava ouvia as conversas do lado de fora. Alguns segundos depois que entrei ouvi duas mulheres conversando  sobre as blusas que deixei do lado de fora. 

“Respeite as mina, as mona, as mana. . .”,  leu uma delas pausadamente. “Isso deve ser coisa de lésbica, né ? ” , completou a mesma que leu a frase. “Ah é , coisa de sapatão. . . ” , respondeu a outra. “Coisa de gay” , concluíram. 

Eu, ouvindo tudo de dentro da cabine, tive o ímpeto de sair para conversar com as duas moças, mas percebi que precisava terminar de me vestir antes. E quando saí já não pude identificar quem eram. 

As mina, as mona e as mana, independente de serem mulheres lésbicas ou mulheres trans, são mulheres. Todas merecem respeito e a luta pelo respeito a todas as mulheres é de todas e todos nós. Não é coisa de gay ou de sapatão. Assim como a luta pelos direitos de todos os grupos minorizados, que não é responsabilidade apenas das pessoas que tem seus direito oprimidos. 

Respeite as mina, as mona, as mana. Respeito é pra geral. 

O preço da desigualdade

Bom, vamos à terceira leitura do Curso Internacional América Latina: Cidadania, Direitos e Igualdade. Continuarei compartilhando por aqui minhas notas de leitura e referências aos textos. O texto El precio de la desigualdad, de Joseph E. Stiglitz, também se encontra disponível online, publicado no El País, em 16 de junho de 2012. Joseph E. Stiglitz é economista estadunidense, e ganhou o Prêmio Nobel de Economia em 2001.

Trechos interessantes:

” ¿hasta qué punto las oportunidades que tendrá una persona a lo largo de su vida dependen de los ingresos y la educación de sus padres? En la actualidad, estas cifras muestran que el sueño americano es un mito.”

“Pero hoy la mayoría de los estadounidenses se encuentran peor (con menos ingresos reales ajustados por la inflación) que una década y media atrás, en 1997. Todos los beneficios del crecimiento fluyeron hacia la cima.”

“Los defensores de la desigualdad estadounidense argumentan que los pobres y los que están en el medio no tienen por qué quejarse: puede ser que la porción de torta con la que se están quedando sea menor que antes, pero gracias a los aportes de los ricos y superricos, la torta está creciendo tanto que en realidad el tamaño de la tajada es mayor. Pero una vez más los datos contradicen de plano este supuesto. De hecho, EE UU creció mucho más rápido durante las décadas que siguieron a la II Guerra Mundial, cuando el crecimiento era conjunto, que después de 1980, cuando comenzó a ser divergente. Esto no debería sorprender a quien comprenda cuál es el origen de la desigualdad. La búsqueda de rentas distorsiona la economía. Por supuesto que las fuerzas del mercado también influyen, pero los mercados dependen de la política, y en EE UU, con su sistema cuasicorrupto de financiación de campañas y el ir y venir de personas que un día ocupan un cargo público y al otro están en una empresa privada, y viceversa, la política depende del dinero.”

“Pero el aumento de la desigualdad no es inevitable. Hay economías de mercado a las que les está yendo mejor, tanto en términos de crecimiento del PIB como de elevación de los niveles de vida de la mayoría de sus ciudadanos. Algunas incluso están reduciendo las desigualdades. Estados Unidos paga un alto precio por seguir yendo en la otra dirección. La desigualdad reduce el crecimiento y la eficiencia. La falta de oportunidades implica que el activo más valioso con que cuenta la economía (su gente) no se emplea a pleno. Muchos de los que están en el fondo, o incluso en el medio, no pueden concretar todo su potencial, porque los ricos, que necesitan pocos servicios públicos y temen que un Gobierno fuerte redistribuya los ingresos, usan su influencia política para reducir impuestos y recortar el gasto público. Esto lleva a una subinversión en infraestructura, educación y tecnología, que frena los motores del crecimiento.”

“Estados Unidos se ha convertido en un país que en vez de “justicia para todos” ofrece favoritismo para los ricos y justicia para los que puedan pagársela: esto quedó demostrado durante la crisis de las ejecuciones hipotecarias, cuando los grandes bancos creyeron que, además de demasiado grandes para quebrar, eran demasiado grandes para hacerse responsables. Estados Unidos ya no puede considerarse la tierra de oportunidades que alguna vez fue. Pero no tenemos por qué resignarnos a esto: todavía no es demasiado tarde para restaurar el sueño americano.”