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Será necessária uma desigualdade tão grande?

Este texto do Paul Krugman (Será necessária uma desigualdade tão grande?) também foi publicado no El País, e, como vejo colunas do Paul Krugman frequentemente em nossos canais de comunicação, resolvi pesquisar pelo mesmo artigo em português e o encontrei no Blog UOL. Ambos foram publicados em 15 de janeiro deste ano. Assim, ficarei mais atenta para os próximos, para poder compartilhar trechos dos textos em português, quando houver.

Paul Krugman é economista estadunidense e ganhou o Prêmio Nobel de Economia em 2008.

Trechos interessantes:

Quão ricos devem ser os ricos? Esta não é uma pergunta à toa. Pode-se dizer que a política norte-americana substancialmente gira em torno deste tema. Os liberais querem aumentar os impostos sobre as rendas mais altas e usar o arrecadado para fortalecer a rede de segurança social; os conservadores querem fazer o contrário, alegando que as políticas que taxam os ricos prejudicam todo mundo, pois reduzem os incentivos para se gerar riqueza.”

“Obama acabou presidindo o maior crescimento do emprego desde os anos 1990. Será que, ainda assim, haja algo a favor de uma grande desigualdade, no longo prazo? Não vai ser surpresa saber que muitos membros da elite econômica acreditam que sim. Tampouco será surpresa saber que eu discordo, que acredito que a economia pode florescer com muito menos concentração de renda e riqueza no topo. Mas por que eu acredito nisso?”

“A verdadeira questão, de qualquer forma, é se podemos redistribuir para outros fins algumas das receitas que atualmente vão para muito poucos da elite, sem prejudicar o progresso econômico”

“Não diga que a redistribuição é inerentemente errada. Mesmo que os rendimentos elevados refletissem perfeitamente a produtividade, resultados de mercado não são uma justificação moral.”

“Então, voltando à minha pergunta original: não, os ricos não precisam ser tão ricos quanto são. A desigualdade é inevitável; a grande desigualdade dos EUA de hoje, não.”

O preço da desigualdade

Bom, vamos à terceira leitura do Curso Internacional América Latina: Cidadania, Direitos e Igualdade. Continuarei compartilhando por aqui minhas notas de leitura e referências aos textos. O texto El precio de la desigualdad, de Joseph E. Stiglitz, também se encontra disponível online, publicado no El País, em 16 de junho de 2012. Joseph E. Stiglitz é economista estadunidense, e ganhou o Prêmio Nobel de Economia em 2001.

Trechos interessantes:

” ¿hasta qué punto las oportunidades que tendrá una persona a lo largo de su vida dependen de los ingresos y la educación de sus padres? En la actualidad, estas cifras muestran que el sueño americano es un mito.”

“Pero hoy la mayoría de los estadounidenses se encuentran peor (con menos ingresos reales ajustados por la inflación) que una década y media atrás, en 1997. Todos los beneficios del crecimiento fluyeron hacia la cima.”

“Los defensores de la desigualdad estadounidense argumentan que los pobres y los que están en el medio no tienen por qué quejarse: puede ser que la porción de torta con la que se están quedando sea menor que antes, pero gracias a los aportes de los ricos y superricos, la torta está creciendo tanto que en realidad el tamaño de la tajada es mayor. Pero una vez más los datos contradicen de plano este supuesto. De hecho, EE UU creció mucho más rápido durante las décadas que siguieron a la II Guerra Mundial, cuando el crecimiento era conjunto, que después de 1980, cuando comenzó a ser divergente. Esto no debería sorprender a quien comprenda cuál es el origen de la desigualdad. La búsqueda de rentas distorsiona la economía. Por supuesto que las fuerzas del mercado también influyen, pero los mercados dependen de la política, y en EE UU, con su sistema cuasicorrupto de financiación de campañas y el ir y venir de personas que un día ocupan un cargo público y al otro están en una empresa privada, y viceversa, la política depende del dinero.”

“Pero el aumento de la desigualdad no es inevitable. Hay economías de mercado a las que les está yendo mejor, tanto en términos de crecimiento del PIB como de elevación de los niveles de vida de la mayoría de sus ciudadanos. Algunas incluso están reduciendo las desigualdades. Estados Unidos paga un alto precio por seguir yendo en la otra dirección. La desigualdad reduce el crecimiento y la eficiencia. La falta de oportunidades implica que el activo más valioso con que cuenta la economía (su gente) no se emplea a pleno. Muchos de los que están en el fondo, o incluso en el medio, no pueden concretar todo su potencial, porque los ricos, que necesitan pocos servicios públicos y temen que un Gobierno fuerte redistribuya los ingresos, usan su influencia política para reducir impuestos y recortar el gasto público. Esto lleva a una subinversión en infraestructura, educación y tecnología, que frena los motores del crecimiento.”

“Estados Unidos se ha convertido en un país que en vez de “justicia para todos” ofrece favoritismo para los ricos y justicia para los que puedan pagársela: esto quedó demostrado durante la crisis de las ejecuciones hipotecarias, cuando los grandes bancos creyeron que, además de demasiado grandes para quebrar, eran demasiado grandes para hacerse responsables. Estados Unidos ya no puede considerarse la tierra de oportunidades que alguna vez fue. Pero no tenemos por qué resignarnos a esto: todavía no es demasiado tarde para restaurar el sueño americano.”